martes, 14 de marzo de 2017

La ciudad de los gallinazos




Hoy por la tarde me voy a comprar libros no es que los necesite solo los quiero pero es sábado por la tarde y el lunes comienzan las clases en todos las escuelas, colegios y algunas universidades así que asumo que habrá mucha gente por las calles padres de familia con sus interminables listas de útiles con sus hijos correteando por todos los lados y es ahí donde tengo que ir.

En el carro, que va abarrotado de persona hace demasiado calor, según leí la sensación térmica en los buses alcanza los 35 a 36 grados en estos meses de verano sin ningún tipo de ventilación. A eso le sumamos el estancamiento en el tráfico, la falta de agua y el mal olor de algunos lugares, no es precisamente agradable para la “ciudad de los reyes”, por suerte el señor que se sienta a mi costado saca su tablet y comienza a ver “House of cars” ¡Sí! miro las imágenes pero no escucho los diálogos así que me toca interpretar, eso me da bien.

El cobrador anuncia que ya vamos a llegar al paradero de Acho, que lleva el nombre por la antigua plaza de toros que ahí existe y cada octubre celebra sus corridas en honor al “Señor de los milagros” no veo que de honorifico tenga eso pero solo entonces puedes ver a la “aristocracia” limeña caminando por ahí. El chofer trata de estacionarse  pero una combi le cierra el paso, estamos casi a la mitad de la pista y él quiere bajarnos, con los gritos e insultos  de algunos pasajeros intenta entrar al paradero pero no puede porque los que vienen se cierra el paso, así que lo hace casi una cuadra más allá. Y todos bajamos molestos.

En las gradas para  llegar al puente se ha creado un ecosistema con gente que vende de todo y para todo, están los lustrabotas sentados en fila esperando a su próximo cliente, están los que venden llaveros, los que venden “marcianos” de pura fruta y hasta puedes conseguir lentes de 5 soles. La gente sube y baja buscando la manera más rápida de llegar a su destino.



Mientras cruzo el puente veo la luz de tarde reflejada en el cerro San Cosme que aún no enciende sus luces pero en unos instantes me esfuerzo en retratar. Y el río grande y cauteloso hoy está más hablador que nunca pues se ha desbordado en algunos lugares de la ciudad. Muchas personas se quedan viendo la corriente pasar, algunos lanzan cosas y lo contaminan más, otros solo pasan como si no existiera nada más.

Se supone que tenía que comprar libros pero desisto de la idea al ver a la gente como hormiga en el centro comercial, me pierdo entre la multitud y comienzo a divagar no puedo preguntar los títulos porque alguien más lo hace y todo se vuelve en una competencia de “a quien atender primero”, no puedo luchar con padres preocupados y me da pereza discutir por quien llego primero. Así que me marcho y me voy al centro de la ciudad.

Hace poco inauguraron el Parque de la Muralla con conjuntos musicales, juegos artificiales y todo lo que haría un bonito spot para la municipalidad.Así que ahora es casi una obligación pasar por ahí y si lo haces tantas veces como yo, pierde su encanto y termina siendo solo parte del paisaje urbano de esta parte de la ciudad.

Antes de llegar a Palacio de Gobierno, me detengo ante la imagen que veo: hay dos iglesias juntas de una sale un apareja feliz que al parecer se ha casado porque la chica lleva un vestido de novia y todos parecen felices, mientras que al otro lado unos señores vestidos de negro  reciben el abrazo de pésame de sus familiares ¿irónico? ¡Sí! pero eso pasa a diario no, alguien muere, alguien se casa, alguien nace, alguien hace algo,  el mundo no se detiene y tú te desvaneces.



En la pileta de uno de los parques unos gallinazos beben agua, mientras otros los miran desde lo alto del tejado, para mí es extraño pero para los demás es común ni siquiera los miran yo me quedo embobada e intento acercarme, pero extienden su alas y se alejan a la cima de la iglesia donde al parecer están más cómodos.

Parecen centinelas vigilando la ciudad pero supongo que no debe importarles con todo lo que hacemos hasta el mismo Dios se desanimaría si es que no lo ha hecho ya. En la catedral mientras cae la tarde muchos de ellos se cobijan, algunos desaparecen y otros simplemente nos observan supongo que desde ahí los planos que Hitchcock son omnipresentes y es mejor verla desde ahí una ciudad que ahora es poco conocida para ellos. 



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