Hoy
por la tarde me voy a comprar libros no es que los necesite solo los quiero
pero es sábado por la tarde y el lunes comienzan las clases en todos las
escuelas, colegios y algunas universidades así que asumo que habrá mucha gente
por las calles padres de familia con sus interminables listas de útiles con sus
hijos correteando por todos los lados y es ahí donde tengo que ir.
En
el carro, que va abarrotado de persona hace demasiado calor, según leí la
sensación térmica en los buses alcanza los 35 a 36 grados en estos meses de
verano sin ningún tipo de ventilación. A eso le sumamos el estancamiento en el
tráfico, la falta de agua y el mal olor de algunos lugares, no es precisamente
agradable para la “ciudad de los reyes”, por suerte el señor que se sienta a mi
costado saca su tablet y comienza a ver “House of cars” ¡Sí! miro las imágenes
pero no escucho los diálogos así que me toca interpretar, eso me da bien.
El
cobrador anuncia que ya vamos a llegar al paradero de Acho, que lleva el nombre
por la antigua plaza de toros que ahí existe y cada octubre celebra sus
corridas en honor al “Señor de los milagros” no veo que de honorifico tenga eso
pero solo entonces puedes ver a la “aristocracia” limeña caminando por ahí. El chofer trata de estacionarse pero una combi le cierra el paso, estamos
casi a la mitad de la pista y él quiere bajarnos, con los gritos e insultos de algunos pasajeros intenta entrar al
paradero pero no puede porque los que vienen se cierra el paso, así que lo hace
casi una cuadra más allá. Y todos bajamos molestos.
En
las gradas para llegar al puente se ha
creado un ecosistema con gente que vende de todo y para todo, están los
lustrabotas sentados en fila esperando a su próximo cliente, están los que
venden llaveros, los que venden “marcianos” de pura fruta y hasta puedes
conseguir lentes de 5 soles. La gente sube y baja buscando la manera más rápida
de llegar a su destino.
Mientras
cruzo el puente veo la luz de tarde reflejada en el cerro San Cosme que aún no
enciende sus luces pero en unos instantes me esfuerzo en retratar. Y el río
grande y cauteloso hoy está más hablador que nunca pues se ha desbordado en
algunos lugares de la ciudad. Muchas
personas se quedan viendo la corriente pasar, algunos lanzan cosas y lo
contaminan más, otros solo pasan como si no existiera nada más.
Se
supone que tenía que comprar libros pero desisto de la idea al ver a la gente
como hormiga en el centro comercial, me pierdo entre la multitud y comienzo a
divagar no puedo preguntar los títulos porque alguien más lo hace y todo se
vuelve en una competencia de “a quien atender primero”, no puedo luchar con
padres preocupados y me da pereza discutir por quien llego primero. Así que me
marcho y me voy al centro de la ciudad.
Hace
poco inauguraron el Parque de la Muralla con conjuntos musicales, juegos
artificiales y todo lo que haría un bonito spot para la municipalidad.Así que
ahora es casi una obligación pasar por ahí y si lo haces tantas veces como yo,
pierde su encanto y termina siendo solo parte del paisaje urbano de esta parte
de la ciudad.
Antes
de llegar a Palacio de Gobierno, me detengo ante la imagen que veo: hay dos
iglesias juntas de una sale un apareja feliz que al parecer se ha casado porque
la chica lleva un vestido de novia y todos parecen felices, mientras que al
otro lado unos señores vestidos de negro
reciben el abrazo de pésame de sus familiares ¿irónico? ¡Sí! pero eso
pasa a diario no, alguien muere, alguien se casa, alguien nace, alguien hace
algo, el mundo no se detiene y tú te desvaneces.
En
la pileta de uno de los parques unos gallinazos beben agua, mientras otros los
miran desde lo alto del tejado, para mí es extraño pero para los demás es común
ni siquiera los miran yo me quedo embobada e intento acercarme, pero extienden
su alas y se alejan a la cima de la iglesia donde al parecer están más cómodos.
Parecen
centinelas vigilando la ciudad pero supongo que no debe importarles con todo lo
que hacemos hasta el mismo Dios se desanimaría si es que no lo ha hecho ya. En
la catedral mientras cae la tarde muchos de ellos se cobijan, algunos
desaparecen y otros simplemente nos observan supongo que desde ahí los planos
que Hitchcock son omnipresentes y es mejor verla desde ahí una ciudad que ahora
es poco conocida para ellos.




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