A
veces me paro a pensar… ¿Y si no hubiera ido a esa guerra? Habría sido feliz…no
me habría decepcionado a mí mismo y no habría descubierto cosas de mí que era
mejor no saber. Como decía Zaratustra, no solo tú miras al abismo, el abismo también te mira
a ti.
Soldado
apuntador.
Es casualidad pero veo Magallanes el mismo día que termino de leer Los
muchachos de Zinc de Svetlana Alexiévich, y creo que aunque no
deba tengo que volver a leerlo, no es que no lo haya entendido simplemente creo
que en la segunda lectura algunas cosas van a cambiar, sobre todo las
sensaciones porque el contexto sigue siendo el mismo, la guerra.
Los muchachos de Zinc
como Magallanes nos hablan de la
guerra. Guerra que no sido contada, donde las víctimas no han sido reconocidas
y cuyas consecuencias se reducen a sus protagonistas que hasta hoy en día
buscan justicia.
En
el caso de Magallanes, Salvador del
Solar nos narra con intensidad de principio a fin la historia de culpa y
redención de Harvey Magallanes que hace de chofer de su antiguo jefe militar en
Ayacucho y taxista ocasional que un día reconoce entre sus pasajeras a una
muchacha, Celina como el eco de un pasado al que sobrevive. Y partir de ahí se
dan una serie de sucesos que desde mi perspectiva resultan un poco malévolos
sobre todo cuando la misma Celina dueña
de un salón de belleza, descubre a Magallanes cuando le corta el pelo y le
rasura la barba frente al espejo. Que tiene su punto culminante cuando ella en
pronuncia su acusación en la comisaría frente a todos los personajes en quechua
y hace sus descargos no solo contra la historia sino contra todo un sistema que
ha olvidado a las víctimas que en su mayoría fueron quechua hablantes.
Los
muchachos de Zinc por otro lado nos narran
los testimonios de los oficiales, soldados, enfermeras, amigos madres y esposas que fueron víctimas de una
guerra “que de nada sirvió” y nos sumerge en los dilemas y cuestionamientos de
acciones sobre la moral y lo correcto, cuando es tiempo de pelear por una
patria para la que te habían educado. Ofreciéndonos historias de un mundo
emocional destruido por el abandono y la miseria.
Sumado
a los graves problemas de reinserción y violencia que trajeron consigo después
de su participación en las operaciones de combate. Por eso el libro alude al
hecho de que los muertos regresaban en ataúdes de zinc sellados para que no vea
que paso con ellos cuando por ejemplo una granada explotó a sus pies.
Una generación que se
vio marcada desde 1979 y 1989 por una guerra que con los años ha ido pasando al
olvido como quien dice “Aquí no ha pasado nada”

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