martes, 20 de diciembre de 2016

Magallanes y Los Muchachos de Zinc




A veces me paro a pensar… ¿Y si no hubiera ido a esa guerra? Habría sido feliz…no me habría decepcionado a mí mismo y no habría descubierto cosas de mí que era mejor no saber. Como decía Zaratustra, no solo  tú miras al abismo, el abismo también te mira a ti.
Soldado apuntador. 

Es casualidad pero veo Magallanes el mismo día que termino de  leer Los muchachos de Zinc de Svetlana Alexiévich, y creo que aunque no deba tengo que volver a leerlo, no es que no lo haya entendido simplemente creo que en la segunda lectura algunas cosas van a cambiar, sobre todo las sensaciones porque el contexto sigue siendo el mismo, la guerra.

Los muchachos de Zinc como Magallanes nos hablan de la guerra. Guerra que no sido contada, donde las víctimas no han sido reconocidas y cuyas consecuencias se reducen a sus protagonistas que hasta hoy en día buscan justicia. 

En el caso de Magallanes, Salvador del Solar nos narra con intensidad de principio a fin la historia de culpa y redención de Harvey Magallanes que hace de chofer de su antiguo jefe militar en Ayacucho y taxista ocasional que un día reconoce entre sus pasajeras a una muchacha, Celina como el eco de un pasado al que sobrevive. Y partir de ahí se dan una serie de sucesos que desde mi perspectiva resultan un poco malévolos sobre todo cuando la misma  Celina dueña de un salón de belleza, descubre a Magallanes cuando le corta el pelo y le rasura la barba frente al espejo. Que tiene su punto culminante cuando ella en pronuncia su acusación en la comisaría frente a todos los personajes en quechua y hace sus descargos no solo contra la historia sino contra todo un sistema que ha olvidado a las víctimas que en su mayoría fueron quechua hablantes.

Los muchachos  de Zinc por otro lado nos narran los testimonios de los oficiales, soldados, enfermeras, amigos  madres y esposas que fueron víctimas de una guerra “que de nada sirvió” y nos sumerge en los dilemas y cuestionamientos de acciones sobre la moral y lo correcto, cuando es tiempo de pelear por una patria para la que te habían educado. Ofreciéndonos historias de un mundo emocional destruido por el abandono y la miseria.
Sumado a los graves problemas de reinserción y violencia que trajeron consigo después de su participación en las operaciones de combate. Por eso el libro alude al hecho de que los muertos regresaban en ataúdes de zinc sellados para que no vea que paso con ellos cuando por ejemplo una granada explotó a sus pies.

Una generación que se vio marcada desde 1979 y 1989 por una guerra que con los años ha ido pasando al olvido como quien dice “Aquí no ha pasado nada”


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