martes, 6 de diciembre de 2016

Inventando un final para el viaje

Volver a casa me toma ocho horas pero no siempre es así. Y  con suerte puedo ir en un bus donde no hay niños llorando, mujeres hablando, gente comiendo o me atrape  una serie de eventos desafortunados.

Pero siempre me toca volver, para un cumpleaños o fecha especial, como ahora. Cada vez que vuelvo encuentro algo diferente, algo que me dice que las cosas están cambiando y claro desde mi perspectiva  es negativo pero al parecer para la ciudad es positivo.

Viajo el mismo día que me entero que Leonard Cohen ha muerto y me pregunto ¿Qué está pasando? Acaso estamos más cerca del final o qué. Cosa rara pero no extraña, los sucesos acontecen en cadena una con mayor profundidad que la otra, pienso que tal vez sea Dios, pero me doy cuenta que no creo en él aunque supongo que él no cree en mí,  por eso nos hemos desconectado, con tanta gente en el mundo yo importaría casi lo mismo como los niños que nacen en este instante que me quejo y escribo e intento apalear mi ansiedad.

Trato de que los regresos no me afecten, pero es inútil y aunque cada vez intento menos las escenas de la despedida termina siendo todo lo contrario y los “adioses”  se dan a cada paso. Veo como a mis papás les carcome el paso de los años y me digo que no quiero llegar a la edad de ellos, luego pienso que haría sin ellos, aunque nunca hemos mantenido una relación cariñosa siento que la distancia ha hecho que los mire de otra manera los idealizo y los quiera más. Pero cuando los vuelvo a ver,  aparece otra vez la barrera que nos hemos construido desde siempre y más ahora que no viven juntos y cada uno desde su trinchera intenta lastimar al otro aunque eso importa poco a mi edad.

La ciudad ha cambiado se ha hecho “moderna” ahora hay centros comerciales grandes y “majestuosos” que vienen desde la capital. Nuevas universidades y más institutos. Ahora veo casas en el cerro que invaden poco a poco las zonas verdes. Casi ya no hay naturaleza en toda la ciudad y el sol durante la mañana y gran parte de la tarde quema que creo que sería capaz de freír cualquier cosa incluso a nosotros mismos si estamos demasiado tiempo a su sombra.

Veo a los amigos que antes compartían algo conmigo. Ahora ya tienen una familia, están trabajando, haciendo cosas gestionando sus vidas. Cuando me preguntan sobre mi doy respuestas monosilábicas libres a su interpretación.

Ellos: ¿Qué haces?
Yo: Pues ahí trabajando
Ellos: ¿Aún no te has casado?
Yo: No
Ellos: ¿Pero tienes novio?
Yo: No
Ellos: ¿Eres lesbiana?
Yo: No
Ellos: Bueno nunca esta demás preguntar con eso que ahora todos salen del “closet”…
Fin de la conversación

El frío ya no es como antes, es casi media noche y en el parque los que salen de los bares y discotecas llevan polos, minifaldas shorts” tampoco llueve y ya debería, como se nota aquí el cambio climático. Ahora ya no tendremos cosecha me dice la casera del mercado mientras me envía saludos para mi mamá que hoy pudo ir doy media vuelta y desaparezco en el domingo de feria, antes de mi partida, otra vez.

Hay cosas que merecen perderse con el tiempo, por ejemplo las despedidas. Me resisto.



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