miércoles, 28 de diciembre de 2016

El libro de las ilusiones

“Cuando se publique este libro querido lector, podrá tener la seguridad de que su autor lleva mucho tiempo muerto”


Como la mayoría de las cosas que me pasan, conocí a Paul Auster, por equivocación. En un estribillo de una canción que por ese entonces escuchaba día y noche, el vocalista mencionaba a Fred Aster que como ya sabrán no tiene nada que ver con Paul Auster, pero mi equivocación auditiva me llevo a la sección de literatura norteamericana en la biblioteca central. Y como si hubiera encontrado el tesoro de los incas, mis ojos brillaron elevando a calidad interestelar mi excitación. 

Sin mayor referente ni previa referencia empecé con Pista de despegue sus poesías  y memorias. Seguí con La invención de la Soledad, historia que me dejo con la extraña sensación de remordimiento y nostalgia pues de alguna forma hice la historia de su padre mía pues aunque me cueste aceptarlo todas las acciones en menor o mayor grado pertenecen a mi historia en particular, aunque creo que es mi necesidad de ser especial.

La naturaleza humana, de miseria y sobrevivencia se reflejó en El país de las últimas cosas y aunque presente características de la literatura post apocalíptica, no veo cual es la diferencia con nuestra sociedad actual, o al menos esta sociedad en la que me encuentro donde el respeto por la vida  y las normas van despareciendo  para dar pase  al “poder” del más fuerte y del que mayor presupuesto maneja. Y la dignidad ha tomado peculiaridades que la alejan de la connotación para la que fue concebida.

Pero veamos que trata, el protagonista David Zimmer escritor y profesor de literatura de Vermont que tras meses de alcohol y depresión por la muerte de su esposa y sus dos hijos en un accidente de avión se ve sumergido en la idea de dejarse morir como trágica solución a la pérdida de su familia, pero encuentra en la película La vida interior de Martín Frost,  un “salvavidas de supervivencia” que lo lleva a  iniciar un “viaje” de investigación sobre la vida del más famoso actor de cine mudo Hector Mann, quien desaparece misteriosamente sin dejar ningún tipo de rastro. En el transcurso de la historia se ve la mezcla del pasado y el futuro (presente) y como una serie de detalles, el devenir de los años puede enlazar por simples casualidades el destino de nuestros personajes.

Hector Mann es el canal de la historia que  va a conducir a los personajes en los distintos espacios que se desarrolla la novela. Primero con su desaparición misteriosa hace más de 40 años, luego con la consecuencia de una de sus acciones dentro de las películas mudas que quería rescatar de la destrucción al profesor David Zimmer quien tras las investigaciones, visualizaciones y averiguaciones logra  concluir un libro que jamás pensó escribir pero que le sirve a modo de distracción a la laboriosa misión de autodestrucción que se  en la que se encontraba. Este libro lo lleva a recibir unas cartas  escritas por Frieda Spelling que le hablan  sobre el paradero de Hector Mann( ahora Hector Spielmann)  y la promesa de contar su historia después de años de desaparición a un personaje que la mayoría daba por  muerto.

Aunque al principio se llena de incredulidad, la duda se siembra  y cuando menos lo espera la irrupción de Alma, le lleva al racho en Nuevo México donde Hector Spielmann ha logrado la construcción de un rancho y ha adaptado gran parte del lugar para la realización de las 40 películas que a lo largo de los años  realizó junto a su mujer y algunos amigos.
David conoce a Hector solo una vez horas ante de su muerte y logra ver solo una de las 40 películas que se realizaron horas antes de su incineración como era la voluntad de Hector acción ejecutada de su mujer.

Y con la necesidad de borrar todo lo construido por su marido también quema el libro que durante siete años Alma escribió detallando cada paso que Héctor ha ejecuto después de su desaparición. Lo que desencadena la furia de Alma que termina por asesinarla involuntariamente. David de lejos de la escena  ve su vida desvanecer otra vez, pero ahora si tiene el firme propósito de continuar sobreviviendo hasta que un ataque del corazón se lo lleva años después. 

El libro de la ilusiones es la historia de dos hombres que guiados por circunstancias difíciles toman y construyen su futuro a partir de las pequeñas coincidencias.

“Dentro del orden universal de las cosas, probablemente no era mucho, pero en el orden de lo particular, en el lugar microscópico donde se ganan y se pierden las batallas probadas, contaba con una victoria singular.”


martes, 20 de diciembre de 2016

Magallanes y Los Muchachos de Zinc




A veces me paro a pensar… ¿Y si no hubiera ido a esa guerra? Habría sido feliz…no me habría decepcionado a mí mismo y no habría descubierto cosas de mí que era mejor no saber. Como decía Zaratustra, no solo  tú miras al abismo, el abismo también te mira a ti.
Soldado apuntador. 

Es casualidad pero veo Magallanes el mismo día que termino de  leer Los muchachos de Zinc de Svetlana Alexiévich, y creo que aunque no deba tengo que volver a leerlo, no es que no lo haya entendido simplemente creo que en la segunda lectura algunas cosas van a cambiar, sobre todo las sensaciones porque el contexto sigue siendo el mismo, la guerra.

Los muchachos de Zinc como Magallanes nos hablan de la guerra. Guerra que no sido contada, donde las víctimas no han sido reconocidas y cuyas consecuencias se reducen a sus protagonistas que hasta hoy en día buscan justicia. 

En el caso de Magallanes, Salvador del Solar nos narra con intensidad de principio a fin la historia de culpa y redención de Harvey Magallanes que hace de chofer de su antiguo jefe militar en Ayacucho y taxista ocasional que un día reconoce entre sus pasajeras a una muchacha, Celina como el eco de un pasado al que sobrevive. Y partir de ahí se dan una serie de sucesos que desde mi perspectiva resultan un poco malévolos sobre todo cuando la misma  Celina dueña de un salón de belleza, descubre a Magallanes cuando le corta el pelo y le rasura la barba frente al espejo. Que tiene su punto culminante cuando ella en pronuncia su acusación en la comisaría frente a todos los personajes en quechua y hace sus descargos no solo contra la historia sino contra todo un sistema que ha olvidado a las víctimas que en su mayoría fueron quechua hablantes.

Los muchachos  de Zinc por otro lado nos narran los testimonios de los oficiales, soldados, enfermeras, amigos  madres y esposas que fueron víctimas de una guerra “que de nada sirvió” y nos sumerge en los dilemas y cuestionamientos de acciones sobre la moral y lo correcto, cuando es tiempo de pelear por una patria para la que te habían educado. Ofreciéndonos historias de un mundo emocional destruido por el abandono y la miseria.
Sumado a los graves problemas de reinserción y violencia que trajeron consigo después de su participación en las operaciones de combate. Por eso el libro alude al hecho de que los muertos regresaban en ataúdes de zinc sellados para que no vea que paso con ellos cuando por ejemplo una granada explotó a sus pies.

Una generación que se vio marcada desde 1979 y 1989 por una guerra que con los años ha ido pasando al olvido como quien dice “Aquí no ha pasado nada”


sábado, 10 de diciembre de 2016

El Eternauta: Parte I



A principios de este año, cuando visite la librería de la universidad encontré casualmente, así sin querer una edición especial de “El Eternauta”, una novela gráfica que por mis pocos conocimientos en este género y los comentarios que recibí  es preciso leer.

Las diversas interpretaciones y análisis que encontré en torno al Eternauta basados en estudios sociológicos, filosóficos, históricos y demás concluyen que “después de leer la historia, ya no eres el mismo”. Y vaya que sí, ya que las circunstancias de los sucesos y la historia de los personajes te deja con una aguda sensación de miseria que a mí en algunos capítulos me resulto claustrofóbica.

Pero veamos de qué se trata. Una noche de 1959 mientras un guionista de historietas se encuentra trabajando al lado de su ventana abierta delante de él poco a poco una figura comienza a materializarse va cobrando forma humana. Es así como aparece Juan Salvo que a partir de ese momento será conocido como el “Eternauta”, quien debe ese apelativo a un filósofo del siglo XXI, y comienza contarle su historia que sucede en 1963.


“El Eternauta” vive junto a su esposa Elena y Martita en un chalet a las afueras de la ciudad y se reúne constantemente con sus vecinos: Favelli, Poslki y  Lucas a jugar durante las noches. Es una de esas noches cuando una nevada fosforescente  comienza a caer y mata todo a su paso. Y la única salida que encuentran es no dejar que ni un copo de nieve ingrese al lugar donde están para mantenerse con vida. A partir de ahí se realizan actos para la sobrevivencia de los que quedan con vida a la que luego se une Pablo un muchacho al que conocen tras una excursión en busca de alimentos. 




 En el trascurso de la trama se conocerán y se descifrara que aquella catástrofe no es natural si no provocada por los “Ellos”, seres que invaden el planeta tierra agresivamente haciendo uso de los “cascarudos” insectos gigantes controlados a través de  dispositivos por los “manos” seres de otro planeta caídos prisioneros que también someten a los hombres y los convierten en “hombres - robots” que junto a los “Gurbos” seres gigantes que destruyen; tratan de tomar la ciudad de Buenos Aires como centro de control. 

Encontrando en un ejército de sobrevivientes que resisten al ataque en los que se encuentra Salvo,Favelli y Franco este último que se convierte compañero de ambos, demostrándonos así que en conjunto los individuos funcionan mejor.

De esta manera Oesterheld  inaugura para muchos una nueva forma de contar historias de ciencia ficción en la que los héroes son personas comunes puestas en situación de conflicto. Donde el héroe es un grupo y no un tipo solitario. Todo esto quizá a la postura ideológica del guionista que termina convirtiendo su historia en toda una metáfora de la sociedad en conflicto poco antes del comienzo de la dictadura argentina. Que a la vez escribe una segunda parte en la clandestinidad debido a su militancia en “los montoneros” una organización de izquierda que fue declarada ilegal en 1974.



martes, 6 de diciembre de 2016

Inventando un final para el viaje

Volver a casa me toma ocho horas pero no siempre es así. Y  con suerte puedo ir en un bus donde no hay niños llorando, mujeres hablando, gente comiendo o me atrape  una serie de eventos desafortunados.

Pero siempre me toca volver, para un cumpleaños o fecha especial, como ahora. Cada vez que vuelvo encuentro algo diferente, algo que me dice que las cosas están cambiando y claro desde mi perspectiva  es negativo pero al parecer para la ciudad es positivo.

Viajo el mismo día que me entero que Leonard Cohen ha muerto y me pregunto ¿Qué está pasando? Acaso estamos más cerca del final o qué. Cosa rara pero no extraña, los sucesos acontecen en cadena una con mayor profundidad que la otra, pienso que tal vez sea Dios, pero me doy cuenta que no creo en él aunque supongo que él no cree en mí,  por eso nos hemos desconectado, con tanta gente en el mundo yo importaría casi lo mismo como los niños que nacen en este instante que me quejo y escribo e intento apalear mi ansiedad.

Trato de que los regresos no me afecten, pero es inútil y aunque cada vez intento menos las escenas de la despedida termina siendo todo lo contrario y los “adioses”  se dan a cada paso. Veo como a mis papás les carcome el paso de los años y me digo que no quiero llegar a la edad de ellos, luego pienso que haría sin ellos, aunque nunca hemos mantenido una relación cariñosa siento que la distancia ha hecho que los mire de otra manera los idealizo y los quiera más. Pero cuando los vuelvo a ver,  aparece otra vez la barrera que nos hemos construido desde siempre y más ahora que no viven juntos y cada uno desde su trinchera intenta lastimar al otro aunque eso importa poco a mi edad.

La ciudad ha cambiado se ha hecho “moderna” ahora hay centros comerciales grandes y “majestuosos” que vienen desde la capital. Nuevas universidades y más institutos. Ahora veo casas en el cerro que invaden poco a poco las zonas verdes. Casi ya no hay naturaleza en toda la ciudad y el sol durante la mañana y gran parte de la tarde quema que creo que sería capaz de freír cualquier cosa incluso a nosotros mismos si estamos demasiado tiempo a su sombra.

Veo a los amigos que antes compartían algo conmigo. Ahora ya tienen una familia, están trabajando, haciendo cosas gestionando sus vidas. Cuando me preguntan sobre mi doy respuestas monosilábicas libres a su interpretación.

Ellos: ¿Qué haces?
Yo: Pues ahí trabajando
Ellos: ¿Aún no te has casado?
Yo: No
Ellos: ¿Pero tienes novio?
Yo: No
Ellos: ¿Eres lesbiana?
Yo: No
Ellos: Bueno nunca esta demás preguntar con eso que ahora todos salen del “closet”…
Fin de la conversación

El frío ya no es como antes, es casi media noche y en el parque los que salen de los bares y discotecas llevan polos, minifaldas shorts” tampoco llueve y ya debería, como se nota aquí el cambio climático. Ahora ya no tendremos cosecha me dice la casera del mercado mientras me envía saludos para mi mamá que hoy pudo ir doy media vuelta y desaparezco en el domingo de feria, antes de mi partida, otra vez.

Hay cosas que merecen perderse con el tiempo, por ejemplo las despedidas. Me resisto.