He tomado la
avenida principal, nadie ha venido a esperarme y a esta hora las calles están vacías,
mejor así. Siento que los lugares que fueron mis centros de “batallas”, hoy se
han convertido en lugares estériles y silenciosos, ya nadie sonríe por aquí.
Otra vez en
este pueblo silencioso, en el día de los muertos. Antes solíamos hacer pan y
poner la mesa, con frutas y wawis que papá hacía durante el día, para los
abuelos que nunca conocí pero que esa noche nos visitaban aunque no los podíamos
ver.
Los gatos
caminan por los tejados y me hacen compañía, mientras algunos perros duermen en
las puertas. Una mujer anciana me mira sin disimular no logra reconocerme, yo
tampoco sé quién es. Paso de largo e intento recordar cómo era todo hasta que
me fui, mientras el viento fuerte apresura mi caminar.
La llave de
la casa está en la cornisa de la puerta, lleva años ahí, y aunque papá decía
que era un secreto, todos en el pueblo lo sabían. Los ladridos de un perro
vienen hacía mí, no lo conozco, pero sé que no es Fonsi, el murió poco después
de que lo dejé, “alguien le dio veneno” decía una de las pocas cartas que papá
me escribió; algo lo distrae y se va
corriendo a la calle.
Las palomas
del tejado alzan vuelo, y un gato me mira sin mirar. Las flores del jardín están
marchitas, el árbol de manzanas esta amarrillo, mientras el polvo ha hecho suyo
los rincones de la casa y las telarañas se han instalado en las paredes, ¿Dónde
está papá?
En mi
habitación todo sigue igual, las piedras
que recogía en la orilla del río me dan la bienvenida,a su costado la alcancía llena de monedas viejas sigue con la sonrisa
misteriosa que tanto me intrigaba ¡Pensar que con ese dinero quería conquistar
el mundo! Y los libros viejos del abuelo que marcaban el paso de mis sueños hoy
parecen desertores de tamaña imaginación,mientras las páginas viejas de mi
diario escolar esconden pretensiones absurdas de un aspirante a escritor.
Encuentro mis
sentimientos de aquel entonces y son los mismos de hoy, aún extraño a mamá.
Un sonido
estremecedor anuncia que va llover, la tormenta se acerca ¿Se irá la luz? Antes cuando eso sucedía nos quedábamos
sin luz durante las noches por días. Y tan pronto como oscurecía teníamos que dormir,
entonces papá nos contaba historias de fantasmas, condenados y muertos que caminaban
sin pensar.
Como un
fantasma que no hace ruido al caminar, ahí está papá con su caminar
parsimonioso, su sombrero viejo y una sutil sonrisa que oculta su rostro cansado.
Se sienta en la silla al costado del zaguán, se pone las botas viejas de jebe y en un susurro casi
inaudible dice: “Parece que va a llover”.
Quiero hablarle pero mis labios apenas pueden
articular. Vuelve por el camino que lo trajo hasta aquí y desparece en la lluvia que
comienza a caer.
Hoy he
vuelto y los muertos ya no hablan conmigo o será que ya estoy muerto.

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