jueves, 3 de noviembre de 2016

Día de los muertos




El viento frío y el sol ausente. No sé cómo explicarlo pero hay algo amenazador y tenso a mí alrededor.

He tomado la avenida principal, nadie ha venido a esperarme y a esta hora las calles están vacías, mejor así. Siento que los lugares que fueron mis centros de “batallas”, hoy se han convertido en lugares estériles y silenciosos, ya nadie sonríe por aquí.

Otra vez en este pueblo silencioso, en el día de los muertos. Antes solíamos hacer pan y poner la mesa, con frutas y wawis que papá hacía durante el día, para los abuelos que nunca conocí pero que esa noche nos visitaban aunque no los podíamos ver.

Los gatos caminan por los tejados y me hacen compañía, mientras algunos perros duermen en las puertas. Una mujer anciana me mira sin disimular no logra reconocerme, yo tampoco sé quién es. Paso de largo e intento recordar cómo era todo hasta que me fui, mientras el viento fuerte apresura mi caminar.

La llave de la casa está en la cornisa de la puerta, lleva años ahí, y aunque papá decía que era un secreto, todos en el pueblo lo sabían. Los ladridos de un perro vienen hacía mí, no lo conozco, pero sé que no es Fonsi, el murió poco después de que lo dejé, “alguien le dio veneno” decía una de las pocas cartas que papá me escribió; algo lo distrae  y se va corriendo a la calle.

Las palomas del tejado alzan vuelo, y un gato me mira sin mirar. Las flores del jardín están marchitas, el árbol de manzanas esta amarrillo, mientras el polvo ha hecho suyo los rincones de la casa y las telarañas se han instalado en las paredes, ¿Dónde está papá?

En mi habitación todo sigue igual, las piedras que recogía en la orilla del río me dan la bienvenida,a su costado la alcancía llena de monedas viejas sigue con la sonrisa misteriosa que tanto me intrigaba ¡Pensar que con ese dinero quería conquistar el mundo! Y los libros viejos del abuelo que marcaban el paso de mis sueños hoy parecen desertores de tamaña imaginación,mientras las páginas viejas de mi diario escolar esconden pretensiones absurdas de un aspirante a escritor.

Encuentro mis sentimientos de aquel entonces y son los mismos de hoy, aún extraño a mamá.

Un sonido estremecedor anuncia que va llover, la tormenta se acerca  ¿Se irá la luz? Antes cuando eso sucedía nos quedábamos sin luz durante las noches por días. Y tan pronto como oscurecía teníamos que dormir, entonces papá nos contaba historias de fantasmas, condenados y muertos que caminaban sin pensar.

Como un fantasma que no hace ruido al caminar, ahí está papá con su caminar parsimonioso, su sombrero viejo y una sutil sonrisa que oculta su rostro cansado. Se sienta en la silla al costado del zaguán, se pone  las botas viejas de jebe y en un susurro casi inaudible dice: “Parece que va a llover”.

Quiero hablarle pero mis labios apenas pueden articular. Vuelve por el camino que lo trajo hasta aquí y desparece en la lluvia que comienza a caer.

Hoy  he vuelto y los muertos ya no hablan conmigo o será que ya estoy muerto.


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