lunes, 8 de agosto de 2016

La ciudad del tiempo y otras historias

Veo por la ventana las azoteas, sucias y descuidadas, alguno que otro perro que vive encerrado en unos cuantos metros cuadrados. Es invierno y siento la humedad en los huesos,aunque parezca extraño me hace sentir bien. También veo palomas muchas palomas, son como ratas voladoras que vienen sin orden y sentido.

He llegado a la ciudad hace dos años y un poco más, convencida por algunos argumentos un tanto ingenuos (ahora lo sé), pero he vivido aquí desde entonces entre el verano y el invierno acostumbrándome a la tediosa rutina de las calles, el transporte público, los impuestos, el trabajo y las personas o mejor dicho la historia de las personas que te cuentan lo que no quieres saber a veces cuando solo dices ¡hola!.




Esto me hace pensar que muchos venimos a la ciudad a conseguir cosas, materializar sueños, y tener un poquito de esperanza, no está mal pero a veces el panorama cambia y en el transcurso del camino encuentras esa Lima que muchos no conocen.

En la Lima que yo conozco, mucha gente sobrevive.

En una esquina veo a un anciano que duerme sobre cartones viejos, más tarde llega otro más viejo que él y ocupa el lugar parece un hotel al paso pero es solo una vereda, ellos piden limosna o recolectan cosas en la basura junto a  palomas sucias y desaliñadas que dan la “vida” por migajas de comida que alguien les lanza de un  carro. Una mujer con sus hijos finge vender unos caramelos pero también pide limosna, no son de aquí lo sé por sus rasgos andinos, comen una naranja entre los tres,“quizá sea su refrigerio o sea su almuerzo” pienso, me da vergüenza, escondo la mirada, me alejo pensando que pude hacer algo por ellos y me siento miserable.

En la Lima que yo conozco hay policías en cada esquina, pero una mujer abraza fuerte el bolso mientras pasa por la comisaría ¿A quién le teme? Nadie se siente seguro por eso ponen barras de metal en las calles con un letrero que dice “Prohibido el pase”.

En el bus una mujer se sienta a mi costado, tiene los ojos llorosos, intenta consolarse pero no puede llora en silencio, más tarde mira sus papeles es una sentencia de violación,no hay suficientes pruebas dice uno de los apartados ¡Hijo de puta! susurra. Sé que peco de fisgona pero dos horas de viaje sin un libro justifican mi conducta. Una pareja aparece en escena, él no intenta disimular su enfado “¿Por qué no respondiste el celular?” le increpa, ella intenta justificarse pero al parecer no le convence “¿Con quién estabas?” casi grita él, todos los miramos pero ellos no se dan cuenta y se ponen a discutir, se bajan del  bus, se van, desaparecen.

En la Lima que yo conozco la mitad de los buses están llenos de mujeres con hijos, los asientos reservados no se dan abasto, los ancianos no encuentran lugar, “ASIENTO RESERVADO” alguien grita, nadie hace nada, todos gritan y el chófer sube el volumen de la música, así nos calla y todo sigue igual. Algunas mujeres se quedan en casa, tienen hijos y atienden al marido “Pero claro tú que vas a entender” me refutan cuando argumento que no quiero hijos, ni marido, como si me importara, pienso pero no se los digo. Otras se pelean por un hombre que más tarde descubren tiene dos familias, el vecindario se entera, el chisme vuela pero al sentencia queda “Yo soy la esposa”.

En la Lima que yo conozco hay casas en los cerros una sobre otra, es el paisaje diario que empeora en invierno y huele mal en verano pero parece no importar porque la necesidad termina por adaptarte a esta premisa.

Mis vecinos son una familia china, llegaron hace ya varios años, tienen tres hijos hablan bien el español pero la mayoría de sus conversaciones son en chino, no sé lo que dicen pero me miran y se ríen, me siento idiota. Son ruidosos casi gritan al hablar pero son graciosos,hasta ahora han sido buenas personas.Tienen un “chifa” y todos los días ponen el canal chino de noticias a nadie le importa solo a ellos pero ya nos hemos acostumbrado,como al Sizhu yue (música de cuerdas y viento)  que suena todos los días al mediodía en el reloj de pared que marca la hora china “Como para sentirse en casa y no tener ganas de volver” dice la mujer.

“Volver, todos queremos volver aunque pase el tiempo y conozcas una ciudad del que no muchos escriban” pienso y me voy caminando a la próxima estación del bus.



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