Todos los días desde hace casi tres años,a excepción de cuando viajo que suele ser rara vez, voy por la misma calles y me encuentro con ellas, lo cual ha generado un ambiente de familiaridad casi intímo. Ellas hacen lo mismo que yo: trabajar. Pero en este lugar obsesionado con las “buenas costumbres” y guiado por la moral de la religión las llaman “putas” o para no sonar tan vulgar como dicen algunas vecinas,“trabajadoras sexuales”.
Están en la misma esquina de siempre de lunes a viernes y los fines de semana a veces salen por las tardes, asumo que es por la demanda, al tener este el título de boulevard su trabajo comienza en las noches. Desaparecen, cuando el carro de serenazgo hace sus rutinas diarias y aveces “malogra el negocio” no solo a ellas si no a todos, cuando decide quedarse ahí durante toda la noche. O a veces cuando los integrantes de la iglesia evangélica que hay por aquí salen a la calle para hacer sus alabanzas cantando y gritando eufóricos llamándolas a “limpiar sus pecados” e invitándolas a “unirse a ellos”, pero eso nunca pasa.
Los hoteles, están a pocos pasos de ellas, los precios van desde S/10.00 soles que es por hora , hasta los de S/60.00 soles que incluye jacuzzi y netflix, pero según me dijeron hay un descuento y un trato especial con ellas, ya que llevan a los clientes, dependiendo “de su juicio al negociar” dicen riendo. Aquí por el lugar donde vivo hay de todo y para todos los gustos, es un tanto extraño y hasta el nombre incita a confundirse “las avutardas” por “ Las cucardas”, pero aquí todas las calles tienen nombre de pájaros.
Ella es él, le dicen Sofía y es la más solicitada dicen las demás. Tiene una figura contorneada y un trasero que hacen que muchos volteen a mirarla cuando pasa por algún lugar, su delicadeza hace que rara vez le recuerden quien era antes de ser Sofía y de cuyo pasado no le gusta hablar, al menos no hasta ahora.
Algunos clientes muy jóvenes sobretodo, pasan y vuelven a pasar y cuando creen que nadie los está mirando, se acercan y negocian con la que ya han escogido, cuando ella accede, salen caminando como una pareja normal al hotel de turno. Otros al parecer ya con experiencia y osadía se dirigen a la que parecen conocer y entre susurros “sellan el pacto” se van caminando y desaparecen por la esquina de “las avutardas”.
Algunas de ellas, no son de acá, vienen de provincia como yo, con una historia a cuesta de fracaso y decepción “sino no estaría en esto” me dice Clara “ pero ya lo voy a dejar” concluye aunque se le nota la inseguridad en la voz. En el barrio de las putas, nadie dice nada porque saben que si ellas se van desaparecen los negocios, por eso ya nadie las juzga, solo alguna vecina que se persigna al pasar y la municipalidad que cuando quiere justificar su trabajo aparece por aquí a “limpiar las calles” y “salvar las buenas costumbres” dicen en los periódicos.

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