Mientras caminaba pensé “Aquí es donde torturaban testigos”
mis pensamientos no eran apropiados y claro teniendo en consideración que iba a un concierto un tanto
romántico donde el común denominar me decía que eran chicas, recordar un libro que leíste
hace mucho, no venía al caso aunque era el mismo escenario donde se
desarrollaba “Muerte en el Pentagonito” de Ricardo Uceda.
Con 15 minutos a nuestra disposición tuvimos que dar casi
una vuelta olímpica para llegar a la puerta Nº01 donde podríamos pasar al
auditorio, lo curioso del lugar era que a su alrededor habían una serie de
parques y carriles para runner que durante el trayecto de nuestra caminata
aparecieron en “batallones” vestidos para la “guerra” gritándonos que “nos
hagamos un lado” para que puedan pasar y no pierdan el ritmo.
En la puerta ya no había gente todos habían entrado y es que
el concierto de final de gira de Natalia Lafourcade iba a empezar y muchos
andábamos emocionados. Las entradas se habían agotado antes de un mes de su
presentación y por muchos sitios de internet “circulaban” entradas con un
precio sobrevalorado (aunque esta sea una palabra recurrente para los
cinéfilos).
Como sea el auditorio estaba lleno, las butacas estaban
enumeradas por un orden un tanto raro que hacía que algunos chicos supongo de
producción, te ayudaran a ubicar tu asiento después de haberte equivocado un
par de veces. Otros mientras tanto como yo buscaban a la señora que vendía los
refrescos pues el calor era casi insoportable, mientras que en el baño de
mujeres se hacían largas colas para entrar.
10 Minutos después
mientras algunas gritaban el nombre de Nati, y pensaba que me llamaban a mí,
uno nunca sabe por ahí puede estar algún
conocido tuyo, pero no. De repente todo se volvió oscuro y en el escenario poco
a poco fueron saliendo los músicos de su banda y al final ella, vestida de
rojo, con el cabello desordenado a la
altura de su hombros, ya no la que mirábamos como en el disco pero igual estaba
linda y el escenario se ilumino mientras todos aplaudían y gritaban hasta que
sonó los primeros acordes de la canción “Vámonos Negrito”.
Cuando ves a un artista lejos de los discos, libros,
películas u obras, pueden suceder dos cosas o terminas por “enamorarte”
completamente de ellos o terminas con la ilusión por los suelos, porque puede
que todo haya sido una ilusión, me paso un par de veces.
Pero el concierto fue muy bueno cargada de mucha energía con
el público respondiendo y cantando sus canciones, con Natalia y sus músicos derramando
talento, y mucha buena vibra. Quizá por eso se entienda que Hasta la Raíz sea
uno de sus discos más exitosos de ellos con 8 grammys en su haber porque cada
interpretación guarda ese poquito de magia que no se ha agota hasta ahora desde
su presentación en el 2014.
Las canciones como Hasta la Raíz, Palomas blancas o Lo que
construimos, hizo que los sentimientos se manifiesten a flor de piel y eso que
recién empezaba. En el 2000 esa canción que fue casi un himno haya por el 2002
cuando muchos de nosotros dábamos nuestros primeros pasos en la adolescencia, trajo una ola de recuerdos que
acompañaron a un coro que no dejo de cantar durante toda la canción.
Azul
fue otra de sus canciones que mantuvo al público en silencio escuchando su voz
mezclada con las notas del piano que hicieron un ambiente casi onírico y
algunas hasta derramaron lágrimas





