martes, 24 de enero de 2017

Soy una mujer feliz sin ir al salón de belleza


Si el cabello es algo sagrado para muchas mujeres yo he cometido sacrilegio. Llevo toda mi vida tratándolo como sea, con el mismo castaño oscuro, casi el mismo e invariable peinado: lacio y a veces  corto con raya al costado nunca largo. No soy de las que se tiñen, que se cepilla por una hora  o que se realiza cambios radicales.

No tengo  y no conozco un nombre de salón de belleza. Ni malo  ni bueno ni barato ni caro ni clásico ni moderno. Solo sé de los salones de belleza a los que voy por necesidad.
No me gusta el cabello largo porque de niña me pedían la “trenza francesa” y era una autentica tortura mi mamá no tenía paciencia yo no tenía paciencia y buscábamos la salida más fácil así que por 5 años lleve el corte “honguito”.

Solo una vez tuve la insensatez de querer tener la cabellera ondulada y la que estaba encargada de tal “misión” hizo combustión (o sea lo quemo) supongo  que fue por el  líquido que utilizó. Entonces tuvieron que cortarlo, casi parecía un muchachito. En el fondo me sentí feliz por un tiempo (aunque mis orejas se congelaban) porque  ya no tenía que peinarme.

A veces pienso en mis amigas  y de los cambios de look que se hacen, de las tardes en la peluquería de los bonitos peinados el tiempo que le dedican y el dinero que gastan entonces me pregunto ¿Por qué somos amigas?  Quizá si fuéramos fieles a nuestro estilo con nuestro cabello despeinado y natural en el mundo habría menos “chicas pantene” y seriamos más felices.


martes, 10 de enero de 2017

La idea salvaje de escribir para ti



Te quejas de porque no te escribo algo. Dices que paso demasiado tiempo frente al computador viendo cosas raras o leyendo libros “revolucionarios” aunque a estas alturas nos sabemos bien que significa. Intentas hacerme sentir mal, sabes que eso no funciona pero aun así lo intentas, te das por vencido y regresas a seguir dibujando en los cuadernitos que te “regale” (al final te los vendí)

Te digo que el monstruo de tu último dibujo parece una ameba,un gusano. Quieres enfadarte pero terminas riendo. No entiendo porque  si es lo más serio que te he dicho.

- Pues no sé algo más “malo”  quizá más gore… así como …
- ¿Gore? Como esas películas que ves. Perdón pero yo si soy una persona normal
- Pero eso es cine...
- ¿Cine? monstruos comiéndose entre ellos, psicópatas asesinos, fantasmas vengativos…     sangre por todos lados…
- Ya pero al menos no creo que Avengers es la mejor película del año o  que los vampiros      brillan porque lo vi en Crepúsculo...
- Es una opinión, no deberías tomarte todo tan personal
- Solo digo lo que pienso…

Terminamos de hablar, bueno si a eso le podemos decir hablar. Cada quien quiere tener la razón y hasta a veces nos inventamos lo que no sabemos con tal de ganar, como mis teorías conspiratorias de dominación mundial, o tus 10 cosas que debes saber de.

Es divertido, frustrante y un poco convencional.

De esto hace ya algunos años, que son pocos pero pareciera que fueran muchos. Y aunque no fue un comienzo original, pero si clásico y sólido hemos llegado hasta aquí  y lo que era  un corto de escaso presupuesto, lo estamos convirtiendo en nuestra propia serie de culto al estilo de Mad Men (aunque suena muy pretencioso) y quien sabe quizá resulte nuestra obra maestra. Espero que cada temporada sea con un director diferente. Ahora mismo creo que estamos en nuestra etapa David Fincher con nuestros dilemas éticos que buscan conceptos filosóficos que justifiquen nuestra rara moralidad.

Intento no ser sentimental y mucho menos cursi, aunque tuve mi etapa rosa (esas de las que quieres olvidar sellar y nunca recordar) aquí estoy escribiéndote pensando en que pueda decir  que no te haya dicho ya, y me doy cuenta que no es fácil sobre todo cuando lo que tienes que decir desborda el alma.

Son muchas cosas que agradecer algunas que sobresalen y otras que hay que olvidar y es que no podemos decir que todo fue perfecto, sobre todo cuando teníamos “diferencias creativas”o cuando buscamos tener la razón y nadie quiere ceder. Con el tiempo aprendimos a firmar tratados de paz algunos ya van a caducar pero estoy segura que llegaremos a buenos términos y nuevas cláusulas. Y es que igual que Pokémon, hemos evolucionado y ahora podemos "sentirnos" un poquitos maduros.

Sé que tienes muchas cosas en las que pensar, muchas cosas por hacer y muchos sueños que cumplir y me gustaría acompañarte en ese camino pero solo si me haces el favor de cambiar ese mal hábito de cambiar los títulos de los libros, las canciones y las películas como cuando estabas seguro que era el “príncipe reptil” y no el “rey lagarto”.

Para Yayo.