¿Cómo carajos conseguimos vivir en un mundo así?
He intentado escribir, lo juró. Pero cada vez se me hace más
difícil, creía que iba a ser ligero y
llevable pero el dichoso trabajo me está quitando bastante tiempo. Mencionado esto
debo decir que me encuentro en una constante lucha entre lo que hago y debería
hacer, sobre todo cuando escucho decir
que se “necesita trabajar con pasión” pero vale, lo haría si realmente estoy en el lugar en que
quiero estar, pero a este punto siento que soy un cero ala izquierda.
Aunque disfruto mucho el resultado final asumo esto como
algo medianamente serio y este blog es un escape para contradicciones. Cuando
veo las estadísticas nadie suele
comentar. Eso me dice que nadie lee esto pero es algo que no me importa y de
alguna forma me alegra.
Me molesta no “poder” escribir siento rabia, frustración y se me da por
comer, es ansiedad diría el psicólogo y aunque tenga muchos temas por los que puedo
decir algo, como por ejemplo la política, la última película que vi o la reunión a la que asistí mis párrafos al final son demasiados
descorazonadores o inexactos y caen en
el patetismo o el existencialismo sin definición. Miro el Facebook y me encuentro con ciertos
amigos que “son felices” creo que es
mucha hipocresía al hacer uso de
recursos baratos para “demostrar” que son buenas personas como el uso constante de sus “bendiciones”
como si fueran representantes de Dios en
la tierra ahora. O los intelectuales que
tienen esa desfachatez pseudo – intelectual para decir y creer que su palabra
es ley y tienen razón.
También pienso escribir sobre el último libro que leí “El hambre” de Martín Caparrós
y aún me sigo preguntando ¿Cómo
carajos conseguimos vivir en un mundo así? Cuando las personas mueren de hambre
cada segundo, cuando las multinacionales nos consumen sin que se les diga nada,
cuando los gobiernos se prestan a los intereses económicos, cuando el hambre de
género existe, cuando es normal aceptar lo que nos pasa “porque Dios” lo dispone,
cuando durante siglos nos han educado para no decir nada, para olvidarnos de
nuestra dignidad ¿Cómo? ¿Cómo seguimos aquí?. Nadie se lo dijo a Caparrós, él
estuvo ahí sintiéndose miserable, como los que leemos el libro marcando un antes y después de nuestra
supuesta conciencia humana. Reconozco que tardé en terminarla, en el bus, en
los descansos del trabajo aprovechando el tiempo que dejo que me roben en esta
ciudad tan gris. Pero diré que el libro
me gusto, te engancha desde la primera
página y no puedes dejar de leerlo.
Al hablar sobre el hambre se me viene a la cabeza de las
veces que “mis amigas” han hecho dietas durante días para“lucir bien durante
el verano”ironía,sarcasmo ¿de qué se trata? Mientras otros mueren porque no
tienen alternativas, otras “mueren
porque quieren”¿Cómo conseguimos vivir así? ¿Aún tenemos conciencia?.
Como sea, por estos días estoy obsesionada con Caparrós, con
el Banco Mundial, Monsanto, expropiación, Bangladesh, el verdadero costo de la
moda, entre otras muchas cosas más. Y me convenzo que tan cínica puedo ser.|
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