martes, 12 de abril de 2016

“El hambre” de Martín Caparrós

¿Cómo carajos conseguimos vivir en un mundo así?

He intentado escribir, lo juró. Pero cada vez se me hace más difícil,  creía que iba a ser ligero y llevable pero el dichoso trabajo me está quitando bastante tiempo. Mencionado esto debo decir que me encuentro en una constante lucha entre lo que hago y debería hacer, sobre todo cuando escucho decir  que se “necesita trabajar con pasión”  pero vale,  lo haría si realmente estoy en el lugar en que quiero estar, pero a este punto siento que soy un cero ala izquierda.

Aunque disfruto mucho el resultado final asumo esto como algo medianamente serio y este blog es un escape para contradicciones. Cuando veo  las estadísticas nadie suele comentar. Eso me dice que nadie lee esto pero es algo que no me importa y de alguna forma me alegra.

Me molesta no “poder” escribir  siento rabia, frustración y se me da por comer,  es ansiedad diría el psicólogo y  aunque tenga muchos temas por los que puedo decir algo, como por ejemplo la política, la última película que vi o  la reunión a la que asistí  mis párrafos al final son demasiados descorazonadores o inexactos  y caen en el patetismo o el existencialismo sin definición.  Miro el Facebook y me encuentro con ciertos amigos  que “son felices” creo que es mucha hipocresía  al hacer uso de recursos baratos para “demostrar” que son buenas personas  como el uso constante de sus “bendiciones” como si  fueran representantes de Dios en la tierra ahora.  O los intelectuales que tienen esa desfachatez pseudo – intelectual para decir y creer que su palabra es ley y tienen razón.

También pienso escribir sobre  el último libro que leí “El hambre” de Martín Caparrós  y aún me sigo preguntando ¿Cómo carajos conseguimos vivir en un mundo así? Cuando las personas mueren de hambre cada segundo, cuando las multinacionales nos consumen sin que se les diga nada, cuando los gobiernos se prestan a los intereses económicos, cuando el hambre de género existe, cuando es normal aceptar lo que nos pasa “porque Dios” lo dispone, cuando durante siglos nos han educado para no decir nada, para olvidarnos de nuestra dignidad ¿Cómo? ¿Cómo seguimos aquí?. Nadie se lo dijo a Caparrós, él estuvo ahí sintiéndose miserable, como los que leemos el libro  marcando un antes y después de nuestra supuesta conciencia humana. Reconozco que tardé en terminarla, en el bus, en los descansos del trabajo aprovechando el tiempo que dejo que me roben en esta ciudad tan gris. Pero  diré que el libro me gusto,  te engancha desde la primera página y no puedes dejar de leerlo.

Al hablar sobre el hambre se me viene a la cabeza de las veces que “mis amigas” han hecho dietas durante días para“lucir bien durante el verano”ironía,sarcasmo ¿de qué se trata? Mientras otros mueren porque no tienen  alternativas, otras “mueren porque quieren”¿Cómo conseguimos vivir así? ¿Aún tenemos conciencia?.

Como sea, por estos días estoy obsesionada con Caparrós, con el Banco Mundial, Monsanto, expropiación, Bangladesh, el verdadero costo de la moda, entre otras muchas cosas más. Y me convenzo que tan cínica puedo ser.|

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