Son las 2:15 de la madrugada y aún sigo despierta. Un niño llora y
alguien pide que se calle, el carro no tiene calefacción y ya vamos a llegar al
punto más alto de la cordillera sobre los 4000 msnm. Veo por la ventana los
copos de nieve, las luces de otros carros y estoy segura que nos tomara 60 minutos al menos pasar por ahí.
Intento dormir, pero el llanto de un niño y el sonido de sus vómitos me
recuerdan que tengo que dejar de viajar en bus. Un olor nauseabundo invade todo
el ambiente, siento que mi alrededor da vueltas, por un instante tengo la imagen de un
desastre pero son alucinaciones producto
de la falta de oxígeno.
Cuando llegamos a la cumbre no se ve nada más que niebla y las luces
intermitentes del auto que va delante de nosotros, la bajada se hace más lenta
y a lo lejos divisamos los restos de un pueblo que dejo de existir por la
explotación minera. Mientras las lagunas más pequeñas y grises sirven de
depósitos “clandestinos” de relave minero.
El viaje dura 8 horas pero con los “imprevistos” llega a las 10 u 11 horas. Generalmente el
clima es el responsable de todo o también la temeridad con la que algunos
conductores van al volante. Ya una vez me tocó ver como un auto daba varias vueltas antes de
chocar contra la montaña y ver salir vivos a sus ocupantes, mientras en ambos
lados de la carretera se formaban interminables colas de carros.
Sea como sea el trayecto es “pesado” por la naturaleza de la carretera
que pasa infinitas curvas y el río a veces se ciñe demasiado a tu ventana que
terminas por temerle más que a nada; sobre todo cuando los viajes se hacen en invierno
pero en la costa es verano.
La carretera central que une la costa con la sierra desde hace tiempo se
ha transformado en un pequeño monstruo que absorbe el tiempo de los que transitan
por sus vías y el calvario de
transportistas que a diario recorren la ruta.
Pero sus paisajes son impresionantes, no en vano atraviesas la cordillera
central de los andes aunque veas sus
cumbres nevadas desvanecerse cada vez más por esto del calentamiento global y
la contaminación ambiental que ya le esta “pisando los talones” porque no falta
la persona que arroje algún tipo de desperdicio plástico en sus laderas convirtiéndose
así el hombre en la peor plaga de su propia humanidad.

