miércoles, 19 de abril de 2017

En la carretera


Son las 2:15 de la madrugada y aún sigo despierta. Un niño llora y alguien pide que se calle, el carro no tiene calefacción y ya vamos a llegar al punto más alto de la cordillera sobre los 4000 msnm. Veo por la ventana los copos de nieve, las luces de otros carros y estoy segura que nos tomara 60 minutos al menos pasar por ahí.

Intento dormir, pero el llanto de un niño y el sonido de sus vómitos me recuerdan que tengo que dejar de viajar en bus. Un olor nauseabundo invade todo el ambiente, siento que mi alrededor da vueltas,  por un instante tengo la imagen de un desastre pero son alucinaciones  producto de la falta de oxígeno.

Cuando llegamos a la cumbre no se ve nada más que niebla y las luces intermitentes del auto que va delante de nosotros, la bajada se hace más lenta y a lo lejos divisamos los restos de un pueblo que dejo de existir por la explotación minera. Mientras las lagunas más pequeñas y grises sirven de depósitos “clandestinos”  de relave minero.

El viaje dura 8 horas pero con los “imprevistos”  llega a las 10 u 11 horas. Generalmente el clima es el responsable de todo o también la temeridad con la que algunos conductores van al volante. Ya una vez me tocó ver  como un auto daba varias vueltas antes de chocar contra la montaña y ver salir vivos a sus ocupantes, mientras en ambos lados de la carretera se formaban interminables colas de carros.

Sea como sea el trayecto es “pesado” por la naturaleza de la carretera que pasa infinitas curvas y el río a veces se ciñe demasiado a tu ventana que terminas por temerle más que a nada; sobre todo cuando los viajes se hacen en invierno pero en la costa es verano.

La carretera central que une la costa con la sierra desde hace tiempo se ha transformado en un pequeño monstruo que absorbe el tiempo de los que transitan por sus vías y el calvario de  transportistas que a diario recorren la ruta.

Pero sus paisajes son impresionantes, no en vano atraviesas la cordillera central de los andes aunque veas sus cumbres nevadas desvanecerse cada vez más por esto del calentamiento global y la contaminación ambiental que ya le esta “pisando los talones” porque no falta la persona que arroje algún tipo de desperdicio plástico en sus laderas convirtiéndose así el hombre en la peor plaga de su propia humanidad.